viernes, 19 de octubre de 2012

Optimismo no realista vs. rostro de mármol (Con evidencia científica).


 Nos empeñamos, en esta época, muchas veces más por connotaciones ideológicas, partidistas o corporativistas, en intentar identificar al culpable o culpables de esta situación actual de crisis (económica, de valores, de solidaridad, de impunidad) y cuando, a la vez y por supuesto, los culpables y responsables nunca somos nosotros. Son los otros: los de la deuda, los de la actual o la anterior, o la anterior a la anterior, la histórica y la historiada. O todos juntos. O los mercados. O el socialismo tergiversado, o el fascismo latente o el comunismo de despacho y subvencionado. O Dios, o su madre...

Cuando parece haberse descubierto la región del cerebro que controla lo que ha venido a llamarse "sesgo optimista", por el que "el ser humano lo es hasta un punto casi enfermizo, creyendo que las cosas malas, como enfermedades o accidentes, solo pueden sucederle a los demás y tendiendo a infravalorar los riesgos", es cuando quizá, y en este entorno de búsqueda de responsabilidades, podemos creer haber encontrado una respuesta a esa búsqueda latente de culpables que haga que nos sintamos libres de la necesidad de tener que expiar responsabilidad alguna y poder así recortar en los demás. Es cuando, a lo mejor, podemos creer tener una explicación a por qué infravaloramos entonces, en su momento, el que la historia se nos estaba yendo de las manos. El por qué se llegó a negar un estado precipitado de crisis anteponiendo una falsa idea de "a mi no me va a pasar, éso solamente le pasa los demás", estamos acomodados y seguir en ello es el objetivo. Y éste, evidentemente pasaba por no despejar dudas, sillones y estatus. Para mi y mis correligionarios.

Esta región cerebral se trata del giro frontal inferior del hemisferio izquierdo, una pequeña área del encéfalo que inhibe de alguna manera el efecto de las malas noticias o los malos pronósticos o presagios. Y debe ser el responsable, a menos que identifiquemos otros intereses...

Claro, para ello, habría que empezar reconociendo no solamente la existencia de esa parte del cerebro (que existe), sino la existencia misma de cerebro en el interior del cráneo de quienes nos representan y dirigen nuestros designios. 
Por lo que es en ese momento cuando surge la gran duda alrededor de ese paradigma que hace al ser humano, por un lado, optimista por naturaleza y, por otro, portador de un rostro de peso por el que jamás va a reconocer su parte de predisposición a ser actor de reparto en el conjunto de una película que ha acabado con un final triste, jodido y por nadie imaginado (o quizá si): Su grado de corresponsabilidad.

A lo mejor, todo sería tan sencillo como desactivar esa parte del cerebro responsable del "No fear" (sin miedo) individual, para así proporcionar realidad a los cálculos y empatía a esa idea de potencial de ingeniería cognitiva colectiva en el que todas la opiniones deberían sumar al consenso que realmente nos condujera en mitad de la tempestad... pero no.

Estamos cansados de que otros decidan por nosotros, es evidente, y de que cualquiera anteponga siempre su giro frontal inferior del hemisferio izquierdo, sin entender que el resto posee tambien el suyo propio, y creyendo haber dado con la solución para "el todos", e infravalorando el riesgo; ése que luego resulta salpicar a los demás cuando nunca se imaginó para uno mismo siendo, como no, "un optimista irreal" sino un jeta de peso.


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