
Un mismo discurso en el que venden su doctrina altruista por cualquier despacho, foro, encuentro organizado u organizable y que pueda servir de trampolín a un coloquio que ya suena excesivamente premeditado y en el intento de asegurarse ese perpetuo entramado de acreditaciones, reacreditaciones, registros profesionales, valoración de competencias, líneas formativas y ahora "sometimiento obligatorio deontológico" por Ley, ordeno, mando y recaudo en nombre del Pacto de Estado por la Sanidad (rimbombo casi perestroico a la luz de intereses compartidos) que les otorgue argumento normativo y legal a tan rocambolesca maniobra y evidentes intenciones.
A mi la verdad es que todo ésto me da miedo intentando imaginar y descubriendo en las manos de quién, cualquier gobierno actual o venidero (visto lo visto), pueda dejar sus más directas responsabilidades de tutela sobre los profesionales sanitarios en mitad de un sistema cada vez más ajeno a las verdaderas inquietudes y de resto de voces que no asumimos representación desvirtuada como éstas, y que se quieren hacer valer "obligatorias" para poder seguir a pie de cama en el ejercicio profesional. Todo en nombre y a imagen y semejanza de los supuestos países desarrollados en mitad de un decolorido panorama internacional al que se nos insiste en seguir emulando y del que posiblemente sea difícil escapar bajo esta supuesta democracia de repartos y connivencias.
Hay que estar ciegos para no descubrir la opción de poder que devenga de todas estas tinieblas. Y es triste que, en este pais en que se cuestiona todo, y todo se mediatiza, nadie analice esta fuerza y hegemonía labrada, calculada y premeditada de dudosa pulcritud, asepsia y supuesto consenso colegiado y de pregonada y absurda repercusión mediática. Es difícil si no es desde el desencanto y a riesgo de que te corten el cuello, cuestión que puede ser, a la vez, también mediáticamente detonada. Es el riesgo.
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