martes, 13 de septiembre de 2011

Hoy, Martes y 13. ¿Volvemos a la realidad?.


-¿Qué tal el primer día de cole?.
-Bieeeeéeen. Nuestra Seño es muy guapa y se llama Virginia. Mañana tenemos que llevar la caja de letras, el libro para leer, tres gomas para coger los lápices y un estuche grande para guardarlo todo...

Ayer, el primer día de colegio lo superamos de la mejor de las formas... la mañana transcurrió con ese grado de incertidumbre y de congoja que se unen irremediablemente cuando, a la vez, se rompe toda la rutina instaurada a lo largo de todo un verano sin saber si vamos a ser capaces de volver a direccionar nuestras vidas en ese continium que te dicta el que ésta pasa y que es imposible detener los acontecimientos: Mirar atrás. Seguir creciendo viendo cómo los crios lo hacen a marchas forzadas.

Hoy, como para no olvidar supersticiones, vuelvo a encontrarme con un Martes 13. Y para recordarme que seguimos aquí y que la espuma de las olas del mar son algo efímero que se sumerge bajo la arena en cuestión de segundos en ese hervir de sonidos y sol reflejado.
Efímeros, dentro de unos días, volverán a ser los gestos y las sonrisas brindados a cualquiera que ahogue sus miedos entre mis manos durante cualquier fugaz traslado al Hospital, peleándose por afrontar esa situación que a empellones no había buscado o que se le repite en el recuerdo de tantas veces vivida y no sabiendo encajar, ninguna de esas veces, el que es algo extraño, temido y que desordena y hace inalcanzable cualquier respuesta que no sea apoyada desde fuera, una vez superada su fuerza y/o su voluntad y que también a mi, y en ese momento exacto, me marca ese fin del verano que me hace poner los pies de nuevo en el suelo...
Y es cuando te das cuenta que en éso consiste. Que por muy fugaz que sea tu actuación, cualquiera se aferra al abrazo que durante media hora tiendes al desvanecimiento de sus propios recursos y a sus carencias de respuesta y ante esa situación que a todos nos desborda.
Es entonces cuando cualquier método, cualquier algoritmo que pretendas premeditar y respetar y poner en práctica, se reduce a tragar saliva y a apretar esa mano que se agarra a la tuya y cuando la vida, sí, muchas veces, le va en ello:
-¡Qué!. ¿Cómo vamos?...

-¿Papá. Queda mucho para que vuelva de nuevo el verano?.