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Nosotros los "Anormales".

Nosotros los “anormales”
(Basado en el texto “nosotros los anormales” de la Lic. Viviana Fanes, Psicóloga clínica)


A veces uno se pregunta, ¿En qué extraña vuelta de la evolución se transformaron los valores, el respeto y la valoración de la dignidad propia y del otro?.

Es así, que nos sorprendemos tratando de explicar una ética canalla, que nada sabe ni quiere saber acerca de un acto digno. Se termina llamando “víctima” a todos aquellos que perseverantes con los valores que concibieron y dieron sentido a su vida, enferman en el intento de no ceder frente a quienes impunemente y abusivamente destruyen su dignidad.
Todos los que resistimos a entrar en esa lógica canalla; todos los que hemos resuelto sostener una mochila de valores y ser consecuentes con ellos, nos convertimos en una legión de “anormales”.

El modo de vida que se va perfeccionando sutilmente, en el marco de lo impune, se sustenta en “el fin justifica los medios” y aquel que se interponga en el camino, enfermará, será rotulado de víctima, destituido de su trabajo, marginado y repudiado.

He leído muchas definiciones de mobbing o acoso moral, pero si tendría que optar un modo de ilustrarlo, apelaría a la imagen del proceso por el cual finalmente se alcanza burlar la ley y extraer 500 gramos de carne sin derramar una sola gota de sangre. No encontré mejor imagen para expresar el proceso de devastación anímica, que se inicia con el acoso moral, continúa, con el maltrato terapéutico y el deshumanizante proceso legal que acusa falta de pruebas, invierte causa y efectos, en nombre de no se sabe quiénes.

No hay que ser demasiado sagaz para saber que de sentarse jurisprudencia en estos temas, toda una legión de “anormales” rescatarían sus derechos genuinos y lejos de ser víctimas serían los protagonistas de un proceso que no conlleva otra intencionalidad que la justicia social.
No todo puede ser explicado. Sobre todo, en tiempos donde la palabra se torna vacía haciéndose socia del silencio, un aliado de la ética canalla que tomó posición dentro de la sociedad. Aquel que se aventure a defender su calidad de vida, debe saber que le espera un largo proceso kafkiano . Concurrirá a “la justicia” para respaldar sus derechos, enseñará sus pruebas que nunca serán suficientes. Soportará el bastardeo de los métodos de evaluación tanto psiquiátricos como psicológicos que, teóricamente, le concederán la prueba que enfermó por las deplorables condiciones de trabajo, la competencia alevosa y el abuso de poder. Y se llega a una altura, que ya nadie recuerda cual fue el desencadenante, huyen los responsables y la reivindicación de los derechos van a parar al inodoro.

¿A qué llaman los especialistas, “partir de la prevención”, cuando aún no se reconoce el fenómeno que pretenden prevenir?. ¿Qué se va a prevenir?. Mientras el tiempo sigue haciendo estragos con los que esperamos justicia, tratamiento, atención, escucha, restitución de la vida, reconocimiento de nuestro trabajo, restauración de nuestra imagen frente a la familia y la sociedad. No solo para continuar viviendo dignamente, sino para poder seguir transmitiendo el deseo de un proyecto de vida a los que asoman, siendo ésta la mejor herencia que les podemos dejar: el derecho a la calidad de vida, el amor por los valores, el respeto por uno mismo y por el otro .

Es curioso, aquellos que llegamos a la consulta terapéutica abatidos, acorralados por un sin fin de incertidumbres sembradas por la inaceptable negociación entre la corrupción y el estado de derecho, nos confesamos “seres desplazados” buscando una solución para no resignar los pilares que sostienen nuestro ser. Nos cuesta mucho reconocer que no hemos sabido ver que se nos empujó a “morir temprano” porque algunos quedan fuera del ámbito laboral, u otros, simplemente, porque me asiste el derecho a vivir de otra manera. Y por eso, nos juzgamos “anormales”. Por más que nos rotulen como “inestables emocionalmente” (depresión, angustia, fobia, etc.) no nos resignaremos a tratar de vivir con éso y lucharemos para resolver el dilema al que fuimos confrontados.

La posibilidad de tratamiento, mas allá de la etiqueta diagnóstica, abrirá las puertas de disminuir el nivel del dilema externo al conflicto interno allí, donde la negociación es posible, sin ceder la dignidad.

Existe una salida, del dolor psíquico y de la marca canalla de la época, esa salida es la ética. Entre tanto, habrá que convivir con la desidia para quienes no es rentable lo digno. Habrá que cohabitar con los que han jurado su compromiso con la profesión y/o la justicia antes de descubrir que eran falsos.

Un gran abrazo, para todos los “anormales”, muchos de los cuales, sé, tienen la gran capacidad de convicciones, constancia y coraje de lucha, para buscar la salida, que es política, social y profesional. Quien no lucha, no tiene enemigos, porque esta entregado (“muerto” en vida).



Miguel Abelans (Enfermero Argentino).

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