lunes, 14 de julio de 2008

Misión y Valores en un Verano Azul.


La Falacia institucional sanitaria: Misión y Valores en un Verano Azul.

Las nuevas (¿?) tendencias gestoras implementadas en los últimos tiempos en los Sistemas Sanitarios Públicos, de marcado carácter empresarial en el intento de identificar tanto el producto resultante del servicio ofertado, como el grado de satisfacción de los clientes/usuarios (¿?), posan sus pilares filosóficos y de inclinada aplicación práctica en una idea de globalización y equidad que a todas luces es falsa, idílica y marcadamente política, del color que sea, del que puntualmente impere y que a la vez se convierte en esa moneda de cambio y diezmo con el que se regatea y negocia a golpe de urnas y cuadrienal (¿?).
Se votan promesas y discurso engañoso jugando al distraimiento posterior, ambiguo en resultados, inexistente en implicación y adherencia profesional que no sea comprada con planteamientos de falsos objetivos que se maquillan y que incentivan lo que debería ser el trabajo comprometido y mínimo de los profesionales del sector salud, inclinando esos mismos resultados al perpetuo esquema organizacional que cierre el círculo que, ahora como empresa de servicios sanitarios, colme de aciertos ponderados (¿?) esta gran mentira de supuesto consenso, gestión clínica se denomina.
Se compran con incentivos de productividad unos resultados que en muchas áreas no existen, ejemplo claro las Urgencias, patito feo de nuestros servicios sanitarios. Y que no existen porque no se apuesta por ellos a pesar de ser el gran escaparate de los sistemas y la ya famosa puerta de entrada a los mismos.

Las diferencias son abismales en ese reparto incentivador en que se convierte la adherencia a objetivos, que no al desarrollo profesional, y curten de un sentimiento de injusticia y falta de sensibilidad estas formas ahora experimentadas y que jamás formarán parte de los conceptos de jubilación de los profesionales: Pan para hoy y para algunos, hambre para mañana y para todos.

Todo en un ambiente de connivencia de las grandes Sociedades Científicas afines al régimen y que comen del mismo plato, en ese reparto de avales científicos otorgados a esta gran mentira y a cambio de la implementación puntual de formas y espacios de poder mercantil que supone la salud y la enfermedad en sus múltiples presentaciones. Si no a la disciplinada actitud callada y permisiva de los sindicatos, también afines en su gran desprestigio ganado a pulso de conservación de sus roles y estatus a través de conquistas históricas que la misma lógica contractual y de derechos de los trabajadores debería haber conseguido sin la intermediación de estas figuras interesadas y a cuentagotas. Amarillismo en un escenario ocre.

La Misión y los Valores de los que se pretende colorear cualquier línea gestora que se precie en esta incipiente línea organizacional, por dar una credibilidad que en la realidad pierde cualquier veracidad objetivable, suelen ser el mismo handicap paradójico con el que los politizados cargos gestores se encuentran. Contradictorio discurso, puntualmente, es regalado a los oídos de los profesionales y pacientes, abnegados traductores rústicos del mensaje político encargado de perpetuar las formas tras el maquillaje de la falsa lealtad solicitada a los mismos a través de su trabajo y silencio “comprometido” y receptor de beneficencia. Estás con nosotros o estás contra nosotros, no valen otras verdades, ni formas, ni la verdadera implementación de toda esta teoría empresarial en su exacta traducción al sector salud, no al entorno social y político que genera y que alimenta falsas expectativas tras el espejo.

La gran diferencia con relación al producto empresarial con el que se intenta comparar en formas esta Divina gestión es que, el cliente destinatario y el profesional que produce, pueden entablar una relación de confidencia muy por encima de todas estas cuestiones. Relación que suma desde la vocación, dedicación y afinidad profesional y la abnegada condición de pacientes, ahora si, y como acto humano y de servicio aséptico; desde la necesidad de quien oferta y quien necesita, por encima de esa mentira relación contractual de estas nuevas (¿?) formas y esquemas gestores aplicados a los sentimientos, al sufrimiento y a la realidad más miserable en que en muchas ocasiones se convierte el devenir enfermo de cualquiera en su “Proceso Único”, irrepetible, o la propaganda política que se apodera de cuestiones que para nada deberían salpicarse y mantenerse limpias en esa idea de Educación para la Salud que se lanza como mensaje gubernamental “al Máximo” y/o “Imparable”. Ésta es la realidad.

Evidentemente este discurso (el que ahora lees) no es comprometido, al menos con la realidad que se impone y que se nos quiere imponer a través de líneas de estrategia y regalos de competencia en un marco carente de credibilidad hacia la Organización, poseedora de sus capos y que reclama esa vendetta que ha provocado nuestras formas más reivindicativas. Es inevitable en el entorno de conocimiento y no de claudicación ciega. Queremos y seguimos comprometidos. Es nuestro derecho. Por los pacientes.

Los profesionales, ése gran valor de organización que debería mimarse muy por encima de la gestión objetivable y por objetivos, es el gran salpicado de estos esquemas que no engañan a cualquiera que sensiblemente se acerque a ellos. Nosotros somos quienes podemos plantear unos verdaderos conceptos de adhesión y compromiso no traicionado por deidades gestoras inaprensibles y de otra esfera que no sea un verdadero compromiso con los pacientes y su asistencia sin escatimos, imposiciones, himnos y exclamas políticas que se despegan de la realidad y los entornos de trabajo desconocidos para nuestros gestores, al menos esa es la eterna sensación.

Los profesionales no somos el factor que debe salvar su supuesto producto. Cuando somos a la vez introducidos en una cuenta que a todas luces no sale y cuyo denominador común es el descontento tanto de “usuarios internos como externos”. Cuando no se nos respeta.

El verano va a evidenciar, más que nunca, como esta cuenta es la de la vieja. El sacrificio sigue siendo el de algunos. Los interrogantes (¿?) muchos.

Antonio J. Valenzuela.
Enfermera DCCU SSPA.

No hay comentarios: