
Ellos son los culpables. Esos mismos que modifican nuestra opinión y la del resto en beneficio propio. Ellos son los que utilizan los acontecimientos y las lagunas de conocimiento y de apatía de todo un colectivo dañado a la vez por el resto de poderes, políticos, médicos, gestores (poder político-médico-gestor) y como para erigirse en nuestros salvadores y cuando solamente son salvadores de sus pripios culos y estatus ganados y usurpados a todo el colectivo en un ejercicio megalómano sin precedentes y en connivencia con símiles estratégicamente repartidos por todo el territorio y provincias. Alguien ya los ha nombrado alguna vez como "Alí Babá y los 40 ladrones"...
No nos engañen cuando se rasguen vestiduras por la reacción y el roce de parcelas de poder con las que ellos mismos se encuentran, en esa otra lucha que mantienen con quienes están en mejor disposición de refutarles por los actos y no solamente por el discurso como nosotros. Es entonces cuando despliegan toda su artilllería contra quien descubren potencial enemigo y con posibilidades de desmontarles chiringuito. Porque es éso lo que tienen montado y para beneficio propio: Un chiringuito que crea necesidades y espejismos a un colectivo que va a la deriva y lo seguirá yendo mientras esta nave sea pilotada por semejantes contramaestres y se necesite de una supuesta Autoridad en ese vacío de ideas que la necesidad, la carencia de pensamiento sino de respuesta y la crisis de valores posibilita y ellos aprovechan. Así de triste. Como si a fuerza de estar sentados a la derecha de Florence, algún erudito multidoctorado hubiera recogido el candil (...cuéntalas tú, que las veinte son).
Nosotras somos inocentes, si, no somos responsables de haber caído en manos de todo este entramado y de ser, a la vez, quienes posibilitamos con nuestro inmovilismo ciego el que sigan perpetuándose sin a penas refutación alguna o a expensas ésta del desgaste personal e irreversible que supone, sino de cualquier otro peligro que tampoco sería excesivamente descabellado imaginar e intuir en ese estar frente y activo.
Hoy quitémonos el estigma y el San Benito de ingenuidad que tanto daño nos está haciendo. No seamos inocentes al fin y reconozcamos de una vez que este devenir errático tiene unos culpables que no somos nosotras y que, por otro lado, no necesitamos para nada en todo nuestro potencial de proyección y legitimidad: Feliz día. Mira a tu espalda.
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Feliz día a los inocentes e idealistas...