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Entradas

El Barrio

Jugar a intentar encandilar con infinidad de conexiones incoherentes de palabras elegidas al azar para finalmente crear una historia que sujete vuestra imaginación por unos instantes.    Contaros algo que al fin y al cabo os descubra que mentir es un arte.    Regodearme en un sentimiento falso, en unas expectativas falsas que me hagan creer que todavía existe una forma distinta y no me abandone a la idea de que todo está dicho y escrito... ése es el reto una vez más...    Y heme aquí, delante del papel inmaculado como niña en Mayo aún por estrenar y con la inocencia ingenua de que al final todo cobrará estructura.     Elegido está el tema, la situación, el nudo y quizá el desenlace aunque nunca renunciemos a la improvisación.    Difícil tarea pensando que vosotros leeréis ésto dos, tres años después... paradógica cohetaneidad sólo esperada en medio de la prepotencia de que una vez más me leeréis y cárcel de ansiedad q...

Tempo

Se hace difícil ensalzar la figura de alguien, ofertarle cariño a través de lo escrito y a través de los recuerdos, desearle lo mejor y agradecer como grupo. Ello sin que el que escribe aquí, e intentando ser la “voz consensuada” del resto, consiga un resultado que se pueda intuir e identificar unísono y colectivo, en ese intento por conseguirlo y sin que el mensaje no sea recibido y entendido como algo personal y proveniente desde el corazón propio (en este caso el mío), y por tener la oportunidad de redactar esta especial editorial en un medio que es de todos y que hemos construido entre todos. En realidad se hace complicado, aunque seguro que mi sentimiento es el de la mayoría y al final podremos compartirlo: Ralph Waldo Emerson dijo que un amigo es “una persona con la que se puede pensar en voz alta” y, también, que “la cortesía ha sido definida, cínicamente, como un artificio de las personas inteligentes para mantener a cierta distancia a los n...

TUS MANOS

A Esteban, la soledad lo había hecho presa de su propia habitación. Eran aquellas cuatro paredes, y su ordenador, aparte de la conexión a Internet que mantenía con parte de la paga de jubilación que seguía cobrando mensualmente su madre, lo que le unía a un exterior cada vez más distorsionado, lejano y ajeno a todo lo que no le inspirara confianza. En definitiva, todo. Su reclusión era su propia militancia anómica. El pequeño piso que ocupaba con su madre estaba situado en un barrio humilde,  venido a menos con los años después de la esplendorosa eclosión que le hizo ser envidia de pulcritud y ocupación obrera, acogiendo a familias de muchos de los pueblos de la provincia cercanos a la capital y siendo ahora guetto habitado por inmigrantes, en el intento de hacerse un hueco. Un hueco desesperado que estaba provocando la huida de muchas de las familias que habían conseguido escapar del barrio y huir de éste antes de esta última recesión. La de ahora, la que nos negam...