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Transporte de pacientes urgentes. ¿Nos subimos a las ambulancias?.


La asistencia del paciente urgente, máxime la del paciente potencialmente crítico requiere, según no solo la innumerable bibliografía que puede ser consultada al respecto sino tan solamente bajo connotaciones de racionalidad y lógica si queremos, el que sea llevada a cabo bajo una filosofía clara de Trabajo en Equipo.
La determinación por parte del Plan Andaluz de Urgencias y Emergencias (PAUE), de que las Unidades de Cuidados Críticos y Urgencias (UCCU) encierran el potencial de asistencia a estas situaciones y sin caer en el olvido, por supuesto, de cuáles son nuestras limitaciones en cuanto a recursos tanto materiales como humanos, nos debe no hacer abandonar una idea clara de compromiso, si queremos y como máxima, con los pacientes. De tal forma que, en situaciones en las que la valoración médica y la propia situación de éstos provoquen una cuadro en conjunto en la que puede resultar esencial tanto la actuación de Enfermería, como la del Técnico que trabaja junto a nosotros, no caben cuestionamientos en cuanto a la inconveniencia de “disolución” de ese Equipo y bajo ningún concepto: ni de reparos ante el supuesto “abandono” del punto de urgencias, ni de la presencia de otros pacientes sobre los cuales siempre habrá que actuar priorizando y comunicando con el Centro Coordinador (CCUE) e informando de nuestra situación y buscando de esta forma el apoyo que desde esa Coordinación se nos pueda ofrecer. Tampoco caben cuestionamientos horarios o intereses personales, es evidente. Si valoramos la idoneidad de un traslado asistido, parece poco serio entender que ese paciente no requiera del trabajo conjunto del mencionado Equipo, de una evaluación continua tanto médica como enfermera.
No existen avisos urgentes médicos y/o enfermeros, no nos engañemos, existe una potencial asistencia a una situación de urgencias o emergencias que requiere de la participación de todos, hasta que la situación se resuelve, hasta que se transfiere a otro nivel de asistencia o hasta que se constata la “banalidad” del cuadro.
Siento que existe un reparo histórico y arrastrado “a subirnos en las ambulancias”. Son situaciones que muchas veces son evitadas, considero, de forma claramente “temeraria”, con el INRI de que son delegadas muchas veces funciones que, en el entorno de asistencia y de relación contractual con el nivel prehospitalario de Primaria ante las situaciones urgentes y al que pertenecemos simplemente por ser requeridos como profesionales ante cualquier demanda en este entorno, donde sea y como sea, no podrían ser defendidas ni ética ni legalmente, estoy convencido. ¿Cuántas veces transferimos al paciente con el único acompañamiento que el del conductor de la ambulancia y sometido a la vez a terapias que incuestionablemente requieren de una evaluación continua médico-enfermera?.
La Urgencia no sabe de franjas horarias ni de asistencia desde un Centro de Atención Primaria, desde una UCCU o desde un Equipo Móvil. El compromiso es de todos, por definición y contractualmente. Es irrenunciable.
Los recursos que podamos ir demandando y recibiendo, en este cuentagotas en el que se convierte su reparto y la propia falta de globalidad de los mismos, seamos realistas, podremos justificarlos si además hacemos uso de éstos de una forma coherente, comprometida y protocolizada, o simplemente “denunciando su inexistencia”.
Situaciones como el compartir ambulancias entre puntos de Urgencias no es operativo, evidentemente, pero sí quizá el compartir recursos y equipos humanos y ante las carencias que intentamos ir superando.
Si además no justificamos con nuestra actuación el que determinados recursos son una necesidad irrenunciable (lo que está evidenciando nuestros registros de actividad y algunas dinámicas de trabajo por todos conocidas), nunca estaremos en disposición de poder reclamar la existencia de los mismos y su reparto global. Se nos está pidiendo, sobre los papeles, un compromiso que a la vez se convierte en nuestro trabajo y tildado en muchas ocasiones por las carencias que todos, legítimamente, podemos y debemos reclamar. Así lo veo y quizá sea el momento ahora que la Administración pretende “La Reestructuración de las Urgencias” y estas son cuestiones que se soslayan en ese falso discurso de Calidad que con tanta alegría se pregona. Porque, esa reestructuración ¿no consiste tambien en ésto?. ¿Se nos ha olvidado que nuestro leiv motiv son los pacientes a los que se supone aportamos nuestro servicio?.


El diseño del Plan Operativo que se ha llevado a cabo (fundamentado en el documento de consenso SAS-EPES que todos habéis recibido y que se está repartiendo en toda Andalucía), así como una fluida comunicación con el Centro Coordinador de Urgencias y Emergencias de la EPES/061 (que puede posibilitar la alerta de cualquier otra UCCU colindante y el manejo de esta información por parte del CCUE como valor añadido a la situación a través del reconocimiento real de los recursos), nos deben hacer de nuevo no entrar en cuestionamientos a la hora de seguir llevando a cabo nuestra actuación médica y enfermera hasta que la transferencia del paciente sea un hecho, y un hecho comunicado y de presencia física si la situación así lo requiere. Nadie nos podrá nunca cuestionar el estar llevando a cabo una asistencia hasta sus últimos límites de salida y transferencia asistencial y apostando con todo aquello que podamos ofrecer al paciente, incluida la congruencia: La continuidad, para la Organización y como concepto, es garante de Calidad. Manejemos pues el discurso en ese sentido. Es la única forma de legitimar nuestra actuación profesional y a pesar de todo. Un saludo.



Antonio J. Valenzuela.
Coordinador DCCU DS Jaén.

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