
Es una obviedad decir, hoy por hoy, que Internet supone la nueva "revolución industrial", de negocio, mercado y conocimiento.
Antes fue la invención de la rueda, del motor y la máquina de vapor lo que hizo que el hombre pudiese abandonar su inmediatez y proximidad "cautivante" para adentrarse en viajes más imaginados en busca de nuevas tierras y culturas.
Quizá el mestizaje y la fusión de razas tengan sus orígenes, aparte de en las agresiones sexuales deparadas por los viajeros y descubridores y navegantes de la Reina, en la posibilidad de moverse "a gran escala" y motorizado.
Huelga decir que el viaje más maravilloso es el de nuestra imaginación, que no alcanza a descubrir fronteras y que, a la vez, es aséptico y no venéreo en ese ímpetu que al mal viajero le entra por "mestizar", una vez que se encuentra en tierra extraña.
A pesar de que el motor consigue desplazarnos de un sitio a otro, cada país y región, y aunque navegamos en la presunsción de que vivimos en una era de "Gran Aldea", de "Aldea Global", no consiente ni consentirá nunca el que sus fronteras culturales, sociales, políticas o simplemente físicas, sean transgredidas.
Y aquí es donde radica la magnitud y el maravilloso aspecto que ha supuesto esta nueva revolución industrial, del conocimiento y la información a través de la aparición e introducción de Internet como un bien más de consumo doméstico y al alcance de cualquiera (...):
Cualquier frontera puede ser "transgredida". La paz dormitada del rincón de tu habitación, despacho, lugar de trabajo, de ocio, puede ser "invadido" por mil ideas y mil sueños que navegan en un espacio virtual que no sabe de esas fronteras. Y es cuando cualquiera, con el simple poder de la imagen o de la palabra, puede penetrar en tu alma y hacerse torrente conjunto de tus ensoñaciones, sumando las maravillas de todas las artes agrupadas en una y a golpe de teclado y ratón.
Feliz día internacional de la WWW. Por una Red sin censuras. Felicidades a todo@ los cíberdisidentes del mundo. Esta revolución es nuestra, ya que nosotros a diario la construímos con nuestro esfuerzo y nuestra libertad. SIN MIEDOS.
Antonio J. Valenzuela.
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